La dislexia, en la prensa

Aunque no me ha convencido —para empezar, el artículo cae en la típica descalificación global y leñera de la escuela española, frente a otras más bien idealizadas—, me alegra ver que la prensa general dedica espacio a la dislexia, un trastorno que afecta directamente a la capacidad de lectura y expresión escrita y que, cuando no se detecta, causa más problemas de lo que en realidad debería: ¿Tal vez tu hijo es disléxico y nadie lo sabe?, de Maruxa Ruiz del Árbol, en El País.

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7 Respuestas a “La dislexia, en la prensa

  1. Tengo una especie de dislexia (dislateralidad o lateralidad cruzada) que se mantiene a pesar de los años, que yo recuerde no me afectó en mi etapa escolar, aunque cuando miro los cuadernos de cuando era pequeña con muchas letras invertidas me doy cuenta de que posiblemente en aquella época me afectara más de lo que me acuerdo.
    Ahora consiste en que puedo escribir perfectamente en espejo con la mano izquierda, también puedo escribir con las dos manos a la vez, pero cada una en un sentido. Lo suelo usar en las animaciones, algo así como que vengo del otro lado del espejo y en este lugar todo está escrito al revés. No sé exactamente si ahora es dislexia, pero nunca me afectó y se ha convertido en una habilidad en ocasiones bastante util.
    Esto por supuesto es anecdótico, porque la dislexia no dignosticada es un problema grave y que puede hacer que un niño se estrelle una y otra vez con un sistema educativo que no está preparado para ayudarle.

  2. Gracias por la reseña, Darabuc. Marta, mi hija mayor, es disléxica. Su padre y su abuela materna lo son.
    Marta aprendió a leer con gran dificultad y, a pesar de mis insistencias en que todos los síntomas eran los de la dislexia, el que hablase con gran dominio desde muy pequeña hizo que los profesores no lo admitiesen hasta que le hicimos unas pruebas en un sitio especializado.
    Ya me queda muy atrás todas las dificultades de los logopedas que no son tales, de los centros que funcionan bien un curso (hasta que renuevan toda la plantilla con gente recién titulada porque es la política del centro; centro público en Madrid, por cierto)… Marta y yo nos armamos de paciencia y, con un curso que yo hice en la UNED, mi formación lingüística, mi intuición y curiosidad, la ayuda del CEPE, la voluntad de Marta… con todo eso Marta consiguió aprender a leer y convertirse en una lectora voraz y una estupenda escritora.
    Sin embargo, necesita tiempo para realizar los exámenes (si a los 50 minutos que tienen se les quitan 15 porque los profesores esperan que los chicos se sienten y se callen sin imponer ellos disciplina, Marta pierde mucho más que el resto de su clase). No hemos solucionado el problema de la disortografía: el material que hay es escaso y se basa en la repetición hasta el aburrimiento de las palabras más conflictivas, pero para un disléxico, cualquier palabra es conflictiva; y el hecho de memorizar las normas no sirve de nada, porque no las aplican, y no tienen tiempo de revisar los exámenes.
    Todo esto no se tiene en cuenta en el instituto al que acude Marta. Saca buenas notas, aunque todas bajan por las faltas de ortografía. Algunas bajan si el examen tarda en comenzar.
    Lo cierto es que Marta supera cada día su dislexia, tiene, además un cociente intelectual muy alto, como suele ser habitual en los disléxicos, y una comprensión audiovisual mayor que la nuestra. Y se ha hecho más fuerte, puesto que todo le ha costado y le cuesta más que a los chicos normales.
    Pero, como madre de una chica disléxica, echo de menos material, ayuda, comprensión, derechos y mil cosas que no han estado a la altura en el sistema educativo. Bienvenidas sean iniciativas como la balear y la canaria.
    Un beso.

  3. Clara, Ana, muchas gracias por vuestras experiencias y reflexiones.

    Es curioso cómo las “deficiencias”, bien llevadas, suelen incluir una “suficiencia” en otros campos. Lo entrecomillo porque creo que el propio enfoque de esos dos conceptos es deficiente en sí, si se usa por contraste con una supuesta “normalidad” que, probablemente, no se da de verdad en nadie.

    Esperemos que el sistema educativo mejore en su atención general a los disléxicos.

    Un abrazo

  4. A mi también me detectaron tarde la dislexia (aún debo tener “algo” porque determinadas tareas me cuestan mucho, como reescribir correctamente una tabla larga de números). Creo que ahora los colegios están mucho más preparados para localizar ese tipo de problemas.

    Sí que debe ser cierto eso que dicen que es frecuente una mayor inteligencia espacial en niños disléxicos (yo la tenía) porque conozco muchísimas personas dedicadas al diseño gráfico o la ilustración que lo son. Imagino que es lo que tú dices, una forma de compensar carencias.

  5. Hola, Patricia, pues comenzáis a ser mayoría… A partir de ahora, habrá que “detectar” a los no disléxicos. 🙂 (No dejo de pensar que en todas estas categorías, útiles de por sí, hay un vocabulario demasiado cercano a la exclusión. No es que sea partidario de lo políticamente correcto, pero tampoco de los léxicos que casi asustan sin necesidad.)

    Yo no tengo demostración científica de eso que me parece próximo a un principio: un ciego suele oír más y mejor que el que ya ve bien, y eso sí es conocido; pero fuera de los casos extremos, me parece probable que en los distintos campos estemos compensando nuestras carencias quizá incluso sin darnos cuenta. Y eso, en los distintos campos de la percepción sensorial, la inteligencia, la sensibilidad y la emotividad. Dejo la reflexión, aunque a mí mismo me resulta confusa, para seguir tirando del hilo algún día.

    Gracias por el comentario.

  6. Hola yo tengo problemas de orientacion, es lo mismo? tengo problemas con mis hijos en los estudios y yo tambien he estado leyendo y no se si es lo mismo …por favor si es lo mismo y alguien lo podria contestar y decirme qué debo hacer en este caso, gracias.

  7. Hola, antes que nada, debo decir que no soy experto; pero no creo que sea lo mismo, aunque pueda estar relacionado. Cada transtorno o especificidad tiene sus causas y su posible enfoque. Te recomiendo que consultes con un psicopedagogo, tanto tu caso como el de tus hijos.

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