Pere Calders, maestro del cuento y la ironía

darabuc-pere-calders-uoc-lletra-marge.gifPere Calders (Barcelona, 1912-1992, aunque vivió muchos años exiliado en México) es un maestro del relato breve, que maneja a la perfección la ironía. En sus cuentos investiga las fronteras entre lo real y lo que suponemos real, la verdad oculta, la verdad transparente que quizá no es tal, la magia cotidiana. Además, es un escritor de estilo cuidadoso y preciso, que matiza muy bien para crear juegos de distanciamiento. Pese a su valía, por la razón que sea, en castellano apenas ha encontrado el eco que por su calidad merece. Como lector, os invito a aprovechar que Anagrama ha reeditado en su colección de bolsillo Ruleta rusa y otros cuentos.

Yo entiendo que la literatura juvenil debe dar cabida a los buenos autores que escriben con los jóvenes en mente, pero no menos, en ningún caso, a los buenos autores en general que escriben con pericia formal, buen estilo y capacidad de sorpresa. El paso de la adolescencia a la edad adulta debe hacer sin más andaderas que las necesarias, aunque para evitar naufragios convenga ajustar la dificultad de los textos. Calders es una buena opción, con la ventaja que le da el hecho de dominar, sobre todo, una forma breve como la del cuento. Por eso es un clásico de las aulas catalanas, pero no debería quedar confinado a ellas.

Como ya he escrito sobre Calders en otros sitios, creo que no vale la pena repetir aquí la introducción y la selección de cuentos hiperbreves que hay en el sitio web de nuestro club de lectura local. Dejo aquí, en cambio, unos pasajes de un cuento que tal vez habría gustado a Gila: “Hecho de armas” (en traducción de Joaquín Jordá).

… Me senté al margen de un camino … y hete aquí que, de repente, un paracaidista vestido de una manera extraña tomó tierra a mi lado. Debajo de la capa que llevaba, se veía una ametralladora y una bicicleta plegable, bien disimuladas, claro.
Se me acercó y con un acento extranjero muy pronunciado me preguntó:
—¿Podría decirme si voy bien para ir al Ayuntamiento de este pueblecito?
(Ahí cerca, la semana anterior, había un pueblo.)
—No sea asno —le dije—. Se nota en seguida que es un enemigo, y si va allí le cogerán.
Eso le desconcertó y, después de hacer un ruido con los dedos que denotaba su rabia, replicó:
—Ya me parecía que no lo habían previsto todo. ¿Qué me falta? ¿Cuál es el detalle que me delata?
—El uniforme que lleva ha caducado. Hace más de dos años que nuestro general lo suprimió, dando a entender que los tiempos habían cambiado. Ustedes están mal informados.
—Lo hemos sacado de un diccionario —me dijo con tristeza.

Pensando, encontré una solución:
—¡Ya está! Nos lo podríamos jugar al tres en raya. Si gana usted puede utilizar mi uniforme correcto y hacerme prisionero; si gano yo, el prisionero será usted y el material de guerra que lleva pasará a nuestras manos. ¿De acuerdo?
Se avino, jugamos y gané yo. Aquella misma tarde, entraba en el campamento, llevando mi botín, y cuando el general, lleno de satisfacción por mi trabajo, me preguntó qué recompensa quería, le dije que, si no le importaba, me quedaría con la bicicleta.

Traducciones al castellano, según la base de datos del ISBN español:

  • Antología de cuentos de Pere Calders, Polígrafa, Barcelona, 1969
  • Cepillo (para niños), Hymsa, Barcelona, 1981
  • Aquí descansa Nevares, Grijalbo, Barcelona, 1985
  • Ronda naval bajo la niebla, Anagrama, Barcelona, 1985
  • De lo tuyo a lo mío, Laia, Barcelona, 1986
  • El principio de la sabiduría, Llibres del Mall, Barcelona, 1987
  • Todo se aprovecha, Ediciones B, Barcelona, 1987
  • El primer arlequín. Crónicas de la verdad oculta. Gente del alto valle, Alianza, Madrid, 1988
  • Los niños voladores, Argos Vergara, 1984; Toray, 1991
  • Ruleta rusa y otros cuentos, Anagrama, Barcelona, 1984, 2007

La imagen procede del portal Lletra.

6 Respuestas a “Pere Calders, maestro del cuento y la ironía

  1. Soy un auténtico buscador de autores de cuentos cortos, me gustan y además soy aficionado (sólo aficionado) a construirlos. Había oído hablar de Pere Calders pero no he tenido la oportunidad de leerlo (la típica excusa del que no lo ha leído). Corro a la librería a comprar el libro. Has dicho Ruleta rusa y otros cuentos, ¿verdad? ¡Gracias! Voy a buscarlo. Un saludo.

  2. Huy, aquí me has tocado en otro punto sensible. Es uno de mis favoritos (como también lo es Pérec, del que hablaste otro día). Lo descubrí hace muuucho tiempo, cuando vi Antaviana, (mejor no entro en detalles, porque se me descubren los años) y no paré hasta encontrar sus libros. Además del que citas se publicó Ronda naval sobre la niebla y creo que otro título más. Uno de mis relatos preferidos es El testamento de la Hiena. He buscado en Internet cuentos suyos, para enlazarlos en el blog de mis alumnos, pero no he encontrado ninguna traducción. Sus cuentos hiperbreves sí los he utilizado en clase.
    Tu post es una buena ocasión para releerlo. El cuento es uno de mis géneros preferidos para leer en clase.

  3. Hola, Jesús, cuando recomiendas, y más si usas términos como “maestro”, se encoge un poco el corazón. Tómalo como nota subjetiva: a mí me parece un maestro del relato corto. Creo que te gustará, pero claro, queda abierta esta nota, o la del club de lectura, para que cuentes libremente tu experiencia. Quizá, si no te gustase, me permita comprender lo que me resulta un enigma: que sea un autor extraordinariamente conocido en Cataluña y no menos desconocido en otras zonas de España.

    Si te animas a crear “patrañas” al hilo de Calders, también me gustaría saberlo. Es un autor de escuela, creo; quiero decir, bueno para imitar, aunque sea por el mero placer del ejercicio. (Yo entiendo la creación literaria como un músico profesional: no como regalo de la inspiración, aunque también exista, sino como un trabajo, en lo posible, cotidiano, que incluye muchas obritas descartables, pero necesarias para la salud general de los músculos.)

  4. Elisa, los maestros son como el vino en barrica buena: mejoran con los años.🙂

    Antaviana marcó época, a juzgar por lo que he leído. Yo solo he visto una parte del espectáculo de Dagoll Dagom, la que se incluía en un recopilatorio de aniversario de la compañía. Pero juraría que tengo un vídeo VHS que no me dio tiempo a ver antes de que muriera mi aparato y la técnica hubiera dictado ya el salto al DVD.

    Actualizo la nota para los datos bibliográficos. La mayoría de ediciones son ya de anticuario o biblioteca, con un interés muy centrado en los años ochenta, sin apenas reediciones, y en editoriales de Barcelona, varias de ellas desaparecidas (Laia, Del Mall, Argos). De veras que no lo entiendo…

    Un beso.

  5. José Luis López

    Hace unos días, acudí a Blanquerna (Madrid) a escuchar los cuentos de Pere Calders a cargo de Imma Colomer y la acordeonista Dioni Chico. Globalmente entendí cada cuento pero me perdí matices, lo que me enrabietó un poco. Imma aclaró al principio en perfectísimo castellano que no encontró versión alguna de los cuentos de Pere en castellano, que yo creo hubiera sido más apropiado en un centro cultural catalán fuera de Cataluña. Después he descubierto a Pere en Internet y en castellano, lo que comunico a Imma por si tienen a bien, ella o la Caixa que la patrocina, incluir algunas versiones de sus cuentos en esta lengua cuando salga de Catañuña. Soy andaluz, resido en Madrid y actualmente estudio catalán y chino. Saludos.

  6. Hola, José Luis, gracias por tu curiosidad.

    De Calders en castellano hay poco y, en su inmensa mayoría, descatalogado. Esta reedición es excepcional. Pero algo sí que hay, y este año, un poquito más. Quizá el espectáculo se preparó antes. O quizá ese “no encontré” que os dijeron significa “miré un poco, pero tampoco mucho”. Quizá el espectáculo no suele salir de Cataluña y es como cuando viene la Royal Shakespeare. No tengo ni idea.

    Respecto de la cuestión de la lengua, yo veo, personalmente, ventajas y desventajas en las dos decisiones posibles. Hacerlo en catalán te permite el contacto directo con el original, pero a la vez, limita la difusión al que ya lo entiende. Y a la inversa: el castellano ampliaría la difusión, en este caso, pero no permitiría acceder al original. Como traductor, por desgracia, sé que la traducción suele ser solo un reflejo pálido de la buena literatura.

    En cualquier caso, al menos en lo que respecta a la lectura, ahora la elección es libre: en catalán o en castellano. Y espero que disfrutaras de la actuación, a pesar de todo. Yo no la he visto, pero Calders lo vale.

    Un saludo cordial

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