67 versos en recuerdo de Dadá y Visio smaragdina, de Juan Eduardo Cirlot

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67 VERSOS EN RECUERDO DE DADÁ

El uno se arrodilla dulcemente,
el dos tiene las trenzas de papel,
el tres llena de plata los triángulos,
el cuatro no solloza,
el cinco no devora el firmamento,
el seis no dice nada a las serpientes,
el siete se recoge en las miradas,
el ocho tiene casas y ciudades,
el nueve canta a veces con voz triste,
el diez abre sus ojos en el mar,
el once sabe música,
el doce alienta lámparas,
el trece vive sólo en los desvanes,
el catorce suplica,
el quince llama y grita,
el dieciséis escucha,
el diecisiete busca,
el dieciocho quema,
el diecinueve sube,
el veinte vuela ardiendo por el aire,
el veintiuno cae,
el veintidós espera,
el veintitrés adora los vestidos,
el veinticuatro sabe matemáticas,
el veinticinco magia,
el veintiséis amor,
el veintisiete guerra,
el veintiocho estrellas,
el veintinueve luna,
el treinta tiene garras de cerezo,
el treinta y uno flota,
el treinta y dos destruye los anillos,
el treinta y tres anula los espacios,
el treinta y cuatro ruge,
el treinta y cinco vive lejos,
el treinta y seis conoce la amargura,
el treinta y siete fulge,
el treinta y ocho baja,
el treinta y nueve quiebra torres,
el cuarenta se expresa,
pero el cuarenta y uno tiene páginas,
donde el cuarenta y dos halla su espejo,
donde el cuarenta y tres se desmenuza,
en el cuarenta y cuatro anidan tigres,
en el cuarenta y cinco monumentos,
en el cuarenta y seis hay una espiga,
en el cuarenta y siete distracciones,
detrás vienen cuarenta y ocho pensamientos,
cuarenta y nueve signos,
cincuenta cruces,
cincuenta y una lágrimas,
cincuenta y dos mujeres,
cincuenta y tres desiertos,
cincuenta y cuatro pianos,
para cincuenta y cinco partituras,
para cincuenta y seis sonidos,
cincuenta y siete soles,
cincuenta y ocho perlas,
cincuenta y nueve bocas,
sesenta muertes,
sesenta y una llagas,
sesenta y dos pirámides,
sesenta y tres adioses,
sesenta y cuatro diccionarios,
sesenta y cinco sentimientos,
sesenta y seis recuerdos,
sesenta y siete flores.

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Cirlot es una excepción en el panorama literario de la posguerra española. El suyo es un compromiso radical con el lenguaje y su capacidad simbólica, que ahonda en la búsqueda hasta llegar a deshacer las palabras y combinar de nuevo sus sonidos. No creo que sea para todos los lectores, pero quizá sí deberían pasar por su extraña lluvia todos aquellos que tienen interés en la poesía y buscan su propia forma de expresión.

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VISIO SMARAGDINA

Maresmer
maresmel vad
valma resdar
mares delmer

Deser verdal
vernal damer
adler es mar
verden lervad

Maresmer ver
desmeral dar
dar
ver
verd
verd smerald

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4 Respuestas a “67 versos en recuerdo de Dadá y Visio smaragdina, de Juan Eduardo Cirlot

  1. Sergio Landrove

    ¡Gracias!

    En el último medio año miles de pequeños detalles me van llevando a querer leer a Cirlot y a C. Edmundo de Ory: me los voy encontrando citados aquí y allí, me gusta lo que leo…

    Creo que estos dos poemas van a ser determinantes.

    Gracias por compartirlos.

  2. Hola, Sergio, gracias por tu comentario.

    Yo creo que los dos alegran el yermo y la monotonía de la poesía de posguerra. Porque yermo y monotonía tendrán sus razones históricas, pero en mi caso, personalmente y desde la actualidad, prefiero la creatividad desatada, tan hermética como se quiera, pero tan sugerente, de Cirlot y esos pocos más.

    No se los recomendaría a todo el mundo, ni mucho menos. Pero a quien quiera escribir y tenga ganas de aire fresco, sí creo que le vale la pena exponerse. Quizá no le gusten nada, pero probablemente le abran puertas que no imaginaba.

    Como introducción a Cirlot, yo prefiero la antología de Clara Janés en Cátedra. Incluye un poco de todo y alguna explicación que, al menos, permite situar la cuestión de las permutaciones.

  3. Caray, Darabuc, se me había pasado esta estupenda entrada (¿post?, ¿selección?, ¿articulito?… , lo que sea que sea). Me han encantado las dos.
    ¿Sabes?, la VISIO SMARAGDINA me trae a la mente lo de hablar al “vesre” de los porteños, que no siempre se hace poniendo las sílabas así de simple: re-vés, ves-re; tiene sus propias reglas. Esas permutaciones donde sin ser dicho refulge el verde esmeralda, y las marismas, y la verdad, y el malva, y…
    Me apunto la antología de Clara Janés.
    Sergio, coincidimos aunque no nos lo propongamos, ¿no?
    Un beso, Gonzalo.

  4. Son poemas muy especiales. Yo me suelo llevar alguno cuando me piden que participe en algún recital colectivo, porque tienen la magia pura de la palabra hecha música y poema, más allá de su sentido. Dicho así, parece retórica, pero no: en el último recital al que fuimos, lo que más gustó, con muchísima diferencia, fue una lectura de poemas en griego moderno, entre un público sin idea ninguna de griego.

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