Panorama crítico, y tirando a negro, de la literatura infantil

Dos de los poquísimos críticos que se ocupan de la literatura infantil han publicado en fechas recientes un panorama que no invita exactamente al optimismo. Con distinta extensión y muy distinto estilo, vale la pena leerlos a los dos.

«… Las dos situaciones antes apuntadas no son más que síntomas del avance y consolidación de la paraliteratura destinada al público infantil y juvenil: de esas obras de apariencia literaria que responden exclusivamente a necesidades comerciales y se ajustan a una fórmula exitosa. … son escasos los [autores] que tienen algo propio que contar. A esto se debe la preponderancia de temáticas sociales extraídas de los noticieros y del periódico, la proliferación de polizones en la conmemoración del quinto centenario de la muerte de Colón, el cansino compromiso y óptica rousseauniana con que variopintas minorías y discriminados oprimen las colecciones juveniles de los principales grupos editoriales, el resurgimiento del libro rosa o la plantilla fantástica caza recompensas. …»

Gustavo Puerta, “El emperador está desnudo” [http://www.elcultural.es/HTML/20071220/LETRAS/LETRAS21998.asp; enlace roto]

«… Si esto muchas veces no es así [y ahora no hay una orientación para el lector infantil] se debe a que la literatura es cada vez más un mercado, y la LIJ especialmente. Entre otras manifestaciones, esto se refleja en que las editoriales cortejan a los colegios pues si consiguen que den prioridad a sus libros, las ventas crecen no de uno en uno sino de cien en cien. Algunos colegios y profesores se dejan querer pues, piensan, así consiguen libros para ellos a más bajo precio y tienen solucionadas algunas actividades con sus alumnos. Esto, tan útil, puede ser corruptor, y lo es, en no pocos casos, cuando la consecuencia es recomendar libros de baja calidad y no se intenta seriamente darle al niño siempre lo mejor, venga de donde venga. …»

Luis Daniel González, “Antes y ahora de la literatura infantil”

Esa presión de la escuela es quizá la principal deformación del mercado; lo que le ha dado buena salud económica y en cierta medida ha originado un boom de la LIJ, pero a la vez, ha derivado en una primacía de las buenas intenciones muy por encima de la buena literatura. Para saber a dónde vamos, quizá se puede echar un vistazo a un club de una editorial estadounidense. Los maestros compran los libros con descuento y, cuantos más libros del club compren sus alumnos, las aulas reciben más regalos. El maestro “invita” a los padres a participar con cartas preparadas por la propia editorial y los padres pueden invitar al maestro con el otro texto “amablemente” redactado por la editorial. Y si te niegas a comprar… ¡sabe que tus niños se verán privados de materiales gratuitos! Todo vale, hasta el chantaje.

La relación de las editoriales y la escuela no es nueva, claro. Los comerciales hacían y hacen lo que pueden para vender sus libros de texto y de lectura a comisión, y si pudieran, regalarían viajes como hacen algunas farmacéuticas con los médicos. Lo que a mí me ha llamado la atención es la desfachatez del sistema, expuesto con franqueza e incluso preparado en pastillitas para el consumo instantáneo (¿no tiene su miga, ese “Sincerely” con el que se firma una carta escrita por un departamento de márketing?).

Ante la intensificación, queda confiar en que llegue a cuantos más niños mejor, en cuantos más países mejor, una educación pública universal bien financiada, con bibliotecas escolares seleccionadas por profesionales independientes. También como autor: me encanta ir a las aulas, pero confío en que nunca me llamen porque sumo puntos…

Sobre bibliotecas escolares, hay mucha actividad en la red. Si tuviera que escoger algunos primeros pasos posibles, os diría de visitar los blogs Gurrión o Lectura y biblioteca (este, sin actualizar desde hace unos meses, pero con el fondo consultable).

6 Respuestas a “Panorama crítico, y tirando a negro, de la literatura infantil

  1. Hola Gonzalo y demás buenas gentes:
    Interesantísimo hilo del que tirar con esta entrada. El artículo de Gustavo Puerta me parece muy lúcido, de una sinceridad y una claridad de ideas poco común. Gustavo me parece , siempre me lo ha parecido, casi lo único interesante que tenemos en crítica de literatura infantil, él la hace, se moja, esgrime argumentos. El resto de ¿críticos? reseña libros, es la diferencia. Sigo a Gustavo Puerta en todos los ámbitos donde escribe porque ejerce la crítica de verdad, sin condicionamientos ni medias tintas y eso es de agradecer y valorar. De Luis Daniel, al que no he leído apenas me ha gustado la reflexión sobre la relación de los libros, la escuela y comerciales editoriales. Muy a tener en cuenta dicha reflexión por los docentes. En fin a tirar del hilo o mejor de la manta. Gracias Gonzalo.

    Saludos

  2. Gustavo es un crítico inusual, desde luego. Y aunque sea como paradoja, ha llegado a pedir que los críticos no tengan más sitio en los medios… al menos, hasta que no aprovechen mejor el que ya tienen. Un crítico y autocrítico es una buena combinación.

    Un abrazo.

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  4. Pingback: Niño refugiado dormido, de Carles Riba « Darabuc · literatura infantil e ilustración

  5. Este tema es realmente peliagudo. En cuanto a las lecturas infantiles y juveniles he leído a bastantes articulistas, que también son escritores, despotricar contra la nueva literatura infantil y juvenil calificándola de blanda, ñoña e insulsa y pidiéndo que se vuelva a los clásicos (Verne, Salgari, D´Amicis, Twain, Dickens, Kipling …) que eran las lecturas que ellos tuvieron. Creo que en parte hay algo de verdad en esto (evidentemente todos estos autores, desde mi punto de vista, son imprescindibles), pero a menudo, cuando leo estos comentarios, también pienso que es injusto porque está misma regla se les podría aplicar a ellos y medirlos con los grandes clásicos del XIX e inicios del XX, por ejemplo (algunos no saldrían muy bien librados). Y también es evidente que hay grandes autores de literatura y poesía infantil y juvenil actuales.
    En mi campo, el teatro de títeres para niños, viene a pasar algo parecido. Algunos de nosotros (entre los que me encuentro algunas veces) equivocamos nuestro punto de mira cuando condicionamos nuestras historias a “las asignaturas trasversales” o a los valores de moda, sin pensar que lo primero es que la historia sea buena, sea entretenida y este bien contada. Pero desgraciadamente los programas sobre “medio ambiente”, “discirminación”, “emigración”, “alimentación”, etc. son tan fuertes que condicionan gran parte de los espectáculos par niños de títeres y de actores (sólo habría que pasearse por las webs de muchos grupos y contar cuantos de ellos no tienen un espectáculo de esta temática). Y que conste que no quiero decir que necesariamente estos espectáculos sean malos o insufribles, hay muchos que merecen la pena, sólo quiero decir que es una lastima que no se programen los espectáculos de títeres y actores por el único hecho de contar bien una historia. Creo que lo mismo puede aplicarse a la literatura infantil. Un saludo y perdón por la extensión. Jesús.

  6. Hola, Jesús, tu reflexión es muy certera. Desde luego, es un tema complejo. A muchos narradores también nos piden que contemos cuentos “con valores”, cuando el principal valor de un cuento es el propio cuento: compartir la magia de la palabra, adentrarse en otros mundos, sorprenderse, inquietarse, verse reflejado (incluidos aquellos momentos en los que no somos perfectos)… La moral es otra cosa, hay que enseñarla con nuestros actos y nuestras reflexiones; no es lo mismo un poema que una fábula de Esopo (aunque esté en verso).

    Me temo que una buena obra provocativa (en el sentido de atractiva y que mueve a la reflexión porque muestra luces y sombras) suele despertar furia, mientras que una mala obra (aburrida y sosa) que “dice” que hay que reciclar, respetar al otro, etc., obtiene a veces el aplauso. Y lo malo es que cuando el arte “dice”, en lugar de “transmitir” o “expresar”, fracasa y, lo que es peor, se pervierte. No es arte, es publicidad mal entendida. No hay magia ni comunicación, hay mensaje.

    Del mundo de los títeres recuerdo con susto la primera vez que topé con la página del grupo de Ökokasperl, el Kásperle ecológico. Espero no ver nunca una obra suya…

    Un abrazo

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