Lectura y placer: unas palabras de Elia Barceló

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Será verdad que la literatura infantil y juvenil es cada día un poco más visible, porque el otro día, en las páginas de opinión de un diario comarcal, encontré una reseña de Cordeluna, la novela de Elia Barceló que obtuvo el premio Edebé de 2006. Allí se reclamaba la necesidad de olvidarse de etiquetas, como la de «literatura juvenil», y hablar a secas de literatura. Lo que vale, vale; y lo que no, a la basura, en suma (entiendo yo). Poco más hay que decir y, por mi parte, estoy de acuerdo en lo esencial.

También es cierto que Elia Barceló puede ser un caso un poco especial: profesora en una Universidad de Filología austriaca10px-external-3.png, en Innsbruck, y doctorada en Julio Cortázar, reivindica sobre todo el placer de la lectura. Extracto unas palabras de la nota que le dedicó la revista CLIJ10px-external-3.png. en su número de abril de 2007.

Escribo porque me gusta, porque me divierto enormemente y porque quiero dar a mis lectores la satisfacción que yo misma recibo al leer. Los ratos que pasé leyendo en mi adolescencia fueron de los más felices de mi vida y formaron la base de mi pensamiento y mi comportamiento actuales. Amo lo extraordinario, los misterios, los secretos, lo fantástico, las aventuras que solo se viven a través de la palabra escrita y los viajes auténticos a cualquier lugar del mundo. Pienso que la vida es un regalo con el que hay que jugar y que hay que compartir para poderlo disfrutar realmente.

[…]

Yo quiero dar a los jóvenes lo que otros escritores me dieron a mí en mi adolescencia: la posibilidad de salir por unas horas de esta realidad monótona en la que nunca pasa nada de particular; la ocasión de ser otro, de ver el mundo con otros ojos, de conocer épocas pasadas, de participar en aventuras, peligros, pasiones… mostrarles que hay mucho más que la vida cotidiana.

[…]

Por una parte, algunos colegas [escritores] piensan que escribir para jóvenes es fácil —solo es cuestión de bajar el nivel y añadir moralina, creen— y por otra parte, muchos padres y profesores usan las novelas como sustituto de la formación familiar y curricular y por eso consideran que deben darles novelas «problema», historias «realistas» que prescinden de misterios, peripecias, aventuras y pasión. Esas novelas, a menos que estén excelentemente planteadas y escritas con mucha tensión, aburren a los jóvenes y los desmotivan. […] El valor de una novela no está nunca en el género que haya elegido el escritor, sino en las emociones que convoca en el lector. Si el leer novelas se convierte en un trabajo más para la clase, perdemos a las nuevas generaciones. La literatura debe dar placer.

(La portada del libro utiliza el cuadro El espaldarazo, de Edmund Leighton10px-external-3.png.)

10 Respuestas a “Lectura y placer: unas palabras de Elia Barceló

  1. Interesantísimas las tres citas. Leyéndolas me doy cuenta de que cuando he seleccionado lecturas para mi hija he estado mucho más cerca de las ideas que expone Elia Barceló que cuando lo he hecho para mis alumnos. ¿Por qué? Confluyen factores diversos, incluido el económico, ya que mis colecciones favoritas son caras. Tengo que reflexionar al respecto.

  2. Hola, Elisa, gracias por tu paso (añado: en un blog donde, por ahora, la palabra “juvenil” es más una aspiración que una realidad diaria). Por cierto, que cité sin mala intención y me alegro de que se haya leído así. Hoy, al releer el texto, me ha sonado duro de más, aunque nazca de la pasión lectora, que tiene mucho de voracidad y, por tanto, algo de Atila.

    Pienso que mientras haya literatura en el aula, no recomendaremos lo mismo a la familia que a los alumnos. Quizá esa frase se pueda afirmar en general, no solo en el campo literario. Tú misma decías que a la clase se le exige cumplir con aspectos en el fondo casi irreconciliables. Pero me gustará leer tus reflexiones, porque esto es solo una parte, no sé cómo de menor.

    Pienso también, al hilo de una nota a la que no acabo de dar forma y que habla de lo que a mi juicio no puede exigirse a la literatura (más en concreto: que nos haga mejores personas), en un aspecto claro que sí nos ofrece si le queremos prestar oídos: el de poner de relieve nuestras incoherencias. No necesariamente para que las resolvamos (yo prefiero un incoherente humano a un coherente inflexible), pero sí para que las conozcamos.

    Para los lectores en general de los comentarios: no dejéis de visitar los enlaces de los apartados “Experiencias y recursos educativos” y “Bibliotecas escolares”. Los blogs de aula o de profesores (que la verdad sea dicha, yo no conocía hasta hace nada) me parecen extraordinariamente dinámicos, informativos y autocríticos.

  3. Qué curioso, al leerlo no se me ocurrió que fuera duro. Supongo que será porque soy lectora desde muchísimo antes que profesora, y, como Elia -no escribiendo, abriendo puertas- me gustaría conseguir que los adolescentes de hoy descubrieran esa posibilidad de ser otros, de ensanchar su mundo. Pero no es fácil, no es fácil.

  4. Yo disfruté mucho leyendo en mi infancia y en mi adolescencia. A diferencia de la escritora Elia Barceló, no solo lo que me descubría mundos distintos a la realidad me atraía, quizá porque la mía no era monótona; llegó un momento en que precisamente lo que me ayudaba a identificar la realidad o los autores que ponían nombre a esas crisis adolescentes que supongo que todos pasamos eran los que más me gustaban: así que pasé de Verne, Dumas, Emilio Salgari, Enid Blyton a Sartre, Becket, Shakespeare, Brecht, Kafka, Weiss, Cortázar, Camus… Es una edad en la que una aún juega con muñecas pero ya sale con chicos; pues con las mismas, lee todavía La estrella de la Araucania y ya comienza a sentir que El perseguidor tiene una lucidez que en la adolescencia se bebe a tragos, con ansia, con la fuerza lectora del que se identifica. Quien llega de adulto, llega de otra manera. Quizá por eso a mi hija mayor le voy introduciendo ahora libros que yo cogía y releía; por el miedo a que se le pase la edad de llegar a ellos. Algunos sí, otros no. Supongo que no todos somos iguales.
    Y la poesía: si de adolescente no te gusta la poesía… puf… La poesía es la rebelión y el inconformismo en tantos autores.
    No sé, Gonzalo, creo que Elia Barceló debió de tener una vida, más que monótona, plana. Y, realmente, no creo que haga falta el «mundo fantástico» en la adolescencia; quizá sí en la niñez y en la pre-adolescencia. Luego, los libros, sin categorías: los que son buenos, son buenos para todos; los malos, aburren a cualquiera.
    Un beso.

  5. Ana, me alegra que discrepes. La experiencia de cada uno no se puede reducir ni imponer… Pero estas palabras apasionadas me apetecían. Quizá por el regreso de la aventura, que yo creo ver en mucha literatura juvenil; quizá porque la aventura es lo que ha condenado en general a la juvenil como a literatura de segunda categoría; porque la Crítica Mayusculera (pero no hay muchas más) asocia la seriedad con la calidad y el humor y la aventura con la superficialidad. Incluso condena obras, como La isla del tesoro o Peter Pan, que en varias cosas tienen poco de juvenil (sobre todo la segunda).

    Ahora, la pasión vale para unas cosas y no para otras. Lo que yo creo que merece la pena es conseguir, en lo posible, que los chicos lean con pasión; porque la riqueza de los mundos de letra es probablemente necesaria para afrontar la complejidad de los mundos de carne y hueso. Pero luego, que cada cual lea sus libros. Cuáles sean los que los apasionen, mientras respondan a las inquietudes personales, me da exactamente igual, al menos a mí.

    Nota: arreglé el enlace y subí la canción, muchas gracias. El libro está descatalogado, quizá tenga que ver, a no ser que sea otro Oriol Ripoll; solo que al ser un libro de juegos, tiendo a pensar que es el mismo. Y gracias también por tus palabras a la Vieja. Seguro que se alegra y se le encienden las mejillas (las de Mandana Sadat en la página de cierre, color dragón fabuloso).

    Un abrazo.

    Elisa, gracias de nuevo. “Abrir puertas” debe ser un sintagma clave en la adolescencia, o lo era en la mía, si miro atrás. Y sin embargo, a veces se conjugaba en pasivo: “dejo la puerta abierta (por si algún día quieres pasar)”. Es una época extraña, muy antiautoritaria y, al mismo tiempo, muy maleable. El crédito ante un adolescente, a veces, parece que se agota antes que las monedas en una tragaperras… pero luego, el ex adolescente recuerda a los profesores que lo marcaron más que a muchísima gente. ¿Supongo que es la edad de los contrastes por antonomasia?

    (Iba a no responder, porque me gusta especialmente ver comentarios ajenos en mi página, es una labor de contraste que enriquece mucho y sienta genial. Pero no me habré acostumbrado a los blogs; no sé no responder. Tomo el camino intermedio de responder en un único comentario.)

  6. Por experiencia creo que responder es una buena táctica para que la gente se anime a comentar. En esto sigo a uno de mis bitacoreros más admirados, Eduardo Larequi (La bitácora del tigre), que nunca deja un comentario sin responder. Es una forma de evitar que el comentarista piense que su intervención ha caído en el vacío, es decir, que no se ha leído. Ahora bien, responder en un sólo comentario es una magnífica solución.

  7. Lo tendré en cuenta, Elisa, gracias. Tampoco creo que el instinto me deje hacer otra cosa, al menos con comodidad; y menos con lo que disfruto estos diálogos. Lo malo de la solución magnífica (porque hasta a Alejandro Magno le olían los pies, según el insigne Desodoroto, xv-xvii, bis) es que como el blog es más de fondo que de actualidad, los comentarios suelen aparecer en mensajes distintos, y supongo que cuando alguien viene a leer una respuesta la busca bajo la suya, no en otra nota. Pero mi experiencia de comentador apunta a lo mismo; para empezar, me genera cierta inseguridad dejar la huella y agradezco ver que no ha sentado como pisotón, aparte de todo lo positivo de una respuesta. También es verdad que, a medida que un blog acumula historia, si el dueño no tiene activados avisos podría pasar por alto, sin más, un comentario que se dejara en una nota antigua.

  8. Para mi lectura y placer van unidos; los libros, la literatura debe ser enfocada hacia los niños como una diversión, no como una obligación; así me enseñaron a leer a mi; tuve mucha suerte, crecí en una casa llena de libros; preguntaba, ¿mamá, que puedo leer hoy? y casi siempre acertaba…

    De acuerdo que en el colegio había “lecturas obligatorias”; algunas me gustaban, otras no, pero también me ayudó a crear mi propio gusto, a entender lo que leía y analizar. Aunque, a veces, resultaba aburridísimo.

  9. Hola, Ana, gracias por tu comentario. Me he anotado tu blog (¿vuestro blog?), que no conocía.

    Me recuerdas una amiga inglesa que tenía una costumbre que en su momento no comprendí: leer cada cierto tiempo algo, lo que fuera, sacado al azar de la biblioteca. Sin recomendación (más allá del hecho de figurar en unos fondos en teoría seleccionados), sin consultar argumento, lo que saliera. Supongo que puede resultar aburridísimo y a la vez descubrir cosas que, por lo que sea, uno acostumbra a evitar, y sin embargo le gustan.

    Pero en lo esencial, leer y disfrutar no pueden ir separados, según lo entiendo también yo. Disfrutar conoce formas distintas y están los placeres del aprendizaje, de superar dificultades, incluso de conocer realidades durísimas (un placer que no es tal, pero algo tiene, el dar pasos amargos, pero necesarios), o hasta el más banal de compartir un tema de conversación. No solo el placer de la aventura y la distracción, sin duda. Pero disfrutar. No educar. Educar es otra cosa, imprescindible, pero distinta. Y puede utilizar ocasionalmente el libro, como cualquier otro formato, pero no confundir lectura literaria con instrucción moral. Al menos, así lo veo yo.

    Un saludo cordial

  10. Totalmente de acuerdo, educar es muy distinto y, a veces, bastante más difícil. Ni siquiera sabría decir cómo definir educar, uff! Imprescindible, obvio, ellos son el futuro y necesitan comprender y aprender, como nosotros (siempre tenemos mucho que aprender). El libro…, un placer y el blog, me parece que otro…

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