Hambre y lectura

En la actual realidad del reparto de la riqueza, es sabido que un porcentaje bajo de la población mundial controla la inmensa mayoría de los recursos. El camino más directo para salir de la pobreza es la educación: la escuela; la educación familiar y social, es decir, la que damos entre todos; y la lectura, para la reflexión, el crecimiento y el placer personales. Pero hay momentos en los que el círculo se cierra y el hambre -en el siglo XXI, el hambre- impide que los chavales aprovechen la educación y, por tanto, puedan abrirse paso propio en la sociedad competitiva. Copio de dos medios de comunicación, eliminando las circunstancias locales, porque se trata de una situación demasiado general.

Los profesores de la región se han movilizado para denunciar que los alumnos se les duermen de hambre. “De los veinte chicos que tengo en clase, apenas seis o siete captan lo que digo, el resto piensa en la hora del desayuno. Luego se duermen”, se desespera una maestra. La situación se repite en los colegios públicos de la zona.

Por la desnutrición, el 30% de los chicos de hasta catorce años tiene dificultades de comprensión. “El problema será mayor la próxima década: no habrá mano de obra calificada ni capaz de soportar trabajo continuo”, advierte el ex director del Hospital de Maternidad.

Ante esto, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Es muchísimo más grave que cualquier crisis de las hipotecas en las sociedades ricas…

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