Entradas clasificadas como ‘Lectura’
Elia Barceló cuenta en su blog la experiencia vivida en Cartagena con el premio Hache. La nota desborda entusiasmo y quizá explique una de las razones de escribir para niños y jóvenes: a la estela de la lectura se produce en ocasiones un contacto inmediato y franco con lectores que, si se aburren, bostezan, y si se divierten, no te sueltan. Literatura viva, sin hipocresía.
Ha sido una experiencia preciosa: el primer día se hizo la presentación en el paraninfo de la Universidad, en una sala enorme llena de jóvenes que se comportaron con un respeto y un entusiasmo modélicos y con los que disfruté muchísimo. Incluso habían preparado un excelente sketch de teatro, que me gustó un montón, basado en uno de mis relatos. Hubo muchas preguntas, muchas risas, muchos libros firmados y dedicados a los jóvenes, en cuyas manos está nuestro futuro.
Al día siguiente hubo otra presentación en un instituto -el Galileo- frente a otros jóvenes lectores que también estaban llenos de preguntas y de inquietudes. Y otra vez sonrisas, libros dedicados, flores y un diploma que me regalaron por haber contestado a sus preguntas “con sabiduría, agudeza e ingenio”. ¡Gracias!
Y todo esto en Cartagena, una bellísima ciudad mediterránea, milenaria, llena de recuerdos de los pueblos que hace dos mil años se extendieron por nuestras costas: los fenicios, los cartagineses, los romanos…, llena de casas de fachadas modernistas que no desmerecen frente a las de Barcelona o las de Praga; con palmeras, colinas verdes coronadas por castillos y un mar azul profundo, como el cielo.
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… Desenganchar a un niño de las personas que le rodean hasta conseguir que se enganche a una tele, a una consola o a un bichito digital es ir cortando hilos de atención: el hilo de leerle cuentos, zas; el de jugar a la peluquería, al médico, al tendero…, zas; el hilo de contar historias juntos, zas; ese otro de dibujar todos, ese también, zas; el de bajar al parque, ¡qué pérdida de tiempo!, zas; ¿qué me dicen del de escuchar pacientemente sus chistes interminables o sus cuentos?, zas; el hilo de ensuciar la cocina con muuucha paciencia, quita, quita, zas; y el de que nos hagan una función de guiñol, ah, ¿pero aún hay algún sitio donde haya teatrillos y marionetas?, ¿es que hay padres o abuelos que tengan tiempo de ver las funciones de los niños?… ZAS
Poco a poco, pasito a pasito lo hemos conseguido: hilo a hilo. Que el tiempo es oro y uno no está para malgastarlo en jugar, contar, escuchar, bailar, cantar, crear, destrozar… Luego, cariño, ¿por qué ahora no te entretienes un ratito con ese libro tan bonito que habla? ¿O con ese ordenador para peques? ¿O con esa película que te gusta tanto? «Pero tú conmigo, mami, la vemos juntos, ¿sí?» Mami tiene cosas que hacer, luego viene.
Leedlo completo en «Lo poquito que sé de lectura, de lectores y niños», de Ana Lorenzo. Yo me quedo con una de las caras del asunto: lo que duele, y lo que uno se maldice, cuando se ve obligado a hacerlo. Pero no hay que engañarse con eso, pues la excusa vale para un día o para dos. Y si el trabajo o el lo que sea en vinagre obliga a cortar de más, la condena ha de ser para ellos, no para los que más nos necesitan y más nos piden, pero también más nos devuelven.
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El Dragón Lector, una de las librerías de referencia de la LIJ en España, se ha mudado: la librería de Españoleto está ahora en la calle Sagunto, 20 (en el mismo barrio de Chamberí). Toda la información y la guía de las nuevas actividades, en su sitio web.

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Soy el mostooo…, de Patxi Zubizarreta (Barco de vapor, serie blanca, 1997, traducción de Mustloa naaaiz…), con ilustraciones de Mikel Valverde, es el relato desenfadado de una noche entre divertida y desastrosa, una noche en la que lo bueno lo ponen los personajes al tomarse con humor los accidentes.
Desde el punto de vista formal, quizá lo más relevante, a mi juicio, sea que el libro no opta por la línea narrativa convencional, sino por una acción doble, presentada en páginas alternas, que converge en la línea central cuando los personajes se encuentran y diverge de nuevo al final. Con los primeros lectores no suele ser útil experimentar porque sí, pero eso no obsta para que haya que intentar sacar el máximo partido de ellos o, dicho de otro modo, iniciarlos en la educación literaria pidiéndoles siempre un pequeño esfuerzo (pero esfuerzo y placer son aspectos muy relacionados de cualquier actividad intelectual, no solo de la lectura). Este librito lo hace porque no aclara nada, antes al contrario, empieza con un pequeño enigma: una página en negro en la que solo se lee MMMMMM y ZZZZZ. La capacidad de abstracción, adivinación y juego de los pequeños da para eso y probablemente para mucho más.
En esta imagen, Valverde representa muy bien la convergencia de las acciones: pared de por medio y todos hacia el centro. En la página posterior, la pared desaparece y tenemos el accidente, más o menos previsible; a estas alturas, la cabeza del niño ha ido analizando posibles resultados del cruce, es decir, construyendo expectativas. (Dentro de las diversas teorías de la literatura, la Teoría de la recepción, con Jauss y Eco como representantes principales, tiene análisis teóricos bastante útiles sobre el proceso de la lectura.)

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La Confederación de Libreros CEGAL ha recibido el premio nacional de fomento de la lectura, junto con el programa de radio Autor, Autor, «por su indiscutible papel en la difusión de la lectura y por su trabajo como intermediarios indiscutibles entre los libros y los lectores». Me parece en efecto indiscutible que su papel de mediación, selección y recomendación nos salva la vida a muchos, dentro del maremágnum de novedades, no todas ellas valiosas. Hay más información en el sitio web del Ministerio (que debería comprarse algún que otro diccionario de sinónimos: eso también es indiscutible).
He hablado aquí varias veces de las librerías y en ocasiones de sus problemas o sus competidores no siempre leales (pues hay quien tiene al libro no como bien cultural, sino como un producto comercial más). Pero aunque siguen cerrando pequeñas librerías que han acusado mucho el bajón del libro de texto y la transición general a los hípers o las grandes cadenas, no es menos cierto que no dejan de abrirse nuevas librerías especializadas, y lo que es mejor: ya no solo en las capitales. La última de la que tengo noticia es El Pozo de los Tres Deseos, en Cangas de Morrazo.
Por otro lado, la propia CEGAL ha concedido la décima edición de su premio Librero Cultural a la librería Oletvm de Valladolid, que cuenta con una excelente sección de infantil y juvenil.
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Los hablantes de las lenguas románicas tenemos la suerte de poder comprender, con mayor o menor esfuerzo, varias de las lenguas que nos rodean. Despertar la curiosidad del niño por otras lenguas, sin que necesariamente deba aprenderlas formalmente, me parece sano culturalmente, aparte de los beneficios conocidos del plurilingüismo en el aspecto cognitivo. En la mediateca de lo CIRDOC podemos encontrar poemitas escritos por los más pequeños de las Calandretas (escuelas bilingües francés-occitano) L’Ametlièr y Los Falabreguièrs. Son una pequeña maravilla.

Te voli manjar
Majofa polideta
Miem miam miem miam iom!
(Te quiero comer, fresa deliciosa: ¡ñam ñem ñam ñem ñom!)
Una canilha
Sus una fuelha
Nivola roja
Solelh verd
(Una oruga sobre una hoja: nube roja, sol verde.)
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Hace poco he escrito aquí mi perplejidad como autor ante el género del teatro: veo el edificio, en algunos aspectos conozco la teoría del edificio, pero no encuentro la puerta o el modo de acceder al otro lado del espejo. José Luis García, de Marimba Marionetas, ha colgado en su blog unas breves reflexiones sobre el teatro para niños (y niñas, si alguien necesita la precisión). Curiosamente, parte de la reflexión es el otro lado de ese espejo cerrado:
… hay que tener en cuenta que es muy difícil que un autor o autora que no tiene experiencia escénica con niños pueda escribir algo que llegue a ellos. ¿Y esto por qué? Hay autores de teatro que no tienen ninguna vinculación con la escena que se autoproclaman como los únicos capaces de escribir para niños, porque tienen una formación literaria. Yo discrepo de ellos. De igual manera que un estudiante de medicina que acaba la carrera necesita contacto con los pacientes para convertirse en médico, un escritor necesita tener contacto estrecho con los espectadores para convertirse en escritor de teatro, en creador escénico. La historia del teatro no da suficientes pruebas de que aquellos que han producido obras universales son los que de una manera u otra vivían cerca de la escena.
Pues si la teoría la ha de dar ante todo la experiencia, «¡manos al guante!», o a las varillas, o a los objetos, y a ver qué ocurre. Pero eso no quita lo contrario: es frecuente ver obras de teatro para niños a las que les sobran buenas intenciones pero les falta calidad teatral propiamente dicha, como unidad de propósito, vocabulario y público modelo, por no hablar de los problemas de la interpretación… o de la falta de respeto del público, que «como es una cosa para niños», se pone a hablar por el móvil compitiendo en volumen de voz con los actores.
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(Pulsad en la imagen para un pdf ampliado.)
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El Club Kirico, creado por un grupo de librerías especialmente interesadas en la literatura infantil y juvenil y gestionado por A Mano Cultura, ha publicado recientemente una nueva guía comentada: Libros en los libros (ver guía en pdf). Incluye la descripción de varios libros para cada grupo de edades y una recomendación adicional al pie.
Empieza, a partir de 3 años, con el estupendo Guillermo, ratón de biblioteca, de la añorada Asun Balzola, la maestra inolvidable de la acuarela de trazos mínimos:
Asun Balzola
Guillermo, ratón de biblioteca
Madrid: Anaya, 2008
ISBN: 978-84-667-0292-8
Con unas delicadas ilustraciones en acuarelas de tonos ocres sobre blancos, se presenta un pequeño ratón de biblioteca al que los libros sirven como fuente de conocimiento, pero también como escondite para protegerse de los gatos. Un día, una aventura le invita a salir de su protector refugio y descubrir la naturaleza, donde vivirá una nueva vida. Pero la experiencia se enriquecerá con la sabiduría que antes le han dado los libros.
Si te gusta este libro, te gustará:
Lucy Cousins
Maisy va a la biblioteca
Barcelona: Serres, 2005
ISBN: 84-8488-213-6
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El premio Mandarache de jóvenes lectores, organizado en Cartagena por la Concejalía de Juventud y las Bibliotecas Municipales, crece y amplía las posibilidades:
- Premio Hache de Literatura Juvenil: Premio internacional de literatura juvenil, otorgado por jóvenes de Cartagena, de entre 12 y 14 años, organizados en comités de lectura de 6 miembros cada uno.
- Premio Mandarache de Jóvenes Lectores: Premio internacional de literatura en español otorgado por jóvenes de Cartagena, de entre 15 y 30 años, organizados en comités de lectura de 6 miembros cada uno.
- Clubs de Lectura Mandarache para todas las edades: clubs de lectura organizados a través de las Bibliotecas Municipales de Cartagena.
Este es, además, el blog de conspiradores, un espacio colectivo para compartir impresiones y noticias sobre los libros. Por otro lado, hasta el 26 de octubre está en marcha la Feria del Libro de Cartagena: este es su programa.
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Del 24 al 25 de octubre se celebran en el CEIP Francisco Galiay Sarañana de Ballobar (Huesca) las IV Jornadas aragonesas de bibliotecas, lectura y escritura, dirigidas “a familias, profesorado y bibliotecas públicas”. Estarán, por ejemplo, la brasileña Ana María Machado, premio Andersen; Blanca Calvo; o Julio Llamazares, entre otros, además de presentaciones de revistas y editoriales como Kókinos, Asteroide, Gadir o Acantilado. Encontraréis el folleto completo en este pdf.
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El otro día, hablando en ocasión de la feria del libro de Murcia con Clara (ella es una de las coordinadoras), me decía con su entusiasmo de costumbre que la pasión lectora no se inculca ni se infunde, no se enseña propiamente, sino que, sobre todo, se transmite. Se contagia. Y que eso va antes y está por encima de cualquier teoría pedagógica.
La pasión es una de esas partes de nuestra vida que tendemos a proteger. Pero la de los libros es curiosa: no pasa por el «ni se te ocurra tocar mi escaléxtric» sino más bien por el «¿Cómo? ¡No has leído aún a…! ¡Pues te lo paso en cuando acabe!». Creo que a todos los lectores nos gusta compartir, departir, consentir y disentir en torno de lo que amamos.
El títere de cuero de Indonesia lo guardamos en una vitrina. El ánfora romana está expuesta en un rincón, protegida por un pie de hierro, pero muy visible. Cada cual traza en su casa el camino amarillo que lleva al visitante a sus tesoros, los que sean. En esa ruta, ¿dónde ponemos nosotros los libros? ¿Estamos dispuestos a comer en la cocina y ceder el comedor, o el salón si lo hay, a nuestra biblioteca?
La pregunta anterior es meramente simbólica, si se quiere (o más para consumo interno que para exposición de la vida personal). Aunque tiene su influencia, porque en una casa de amantes de los libros los hijos tienden a leer más (aunque solo tienden, lo sé, no es matemático). Pero quizá también importa con respecto a los amigos: a la hora de invitarlos a pasar, ¿importa dónde tenemos los libros? Como militancia vital (no como exhibición de encuadernaciones de lujo), entiendo que sí, porque no tiene sentido que la pasión lectora sea privada o se oculte. Y lo mismo ocurre en ese espacio tan denostado, pero tan imprescindible en nuestro sistema social, como es el colegio (la escuela, el instituto). Imaginemos: «Buenos días: este es nuestro colegio, estos son los admitidos del curso 2008-2009, aquí pueden consultar el catálogo de la biblioteca escolar y esta es la lista de libros que habíamos recomendado para el verano. Pasen y lean.»
Por suerte, esta pasión lectora no es imaginaria, es la de muchos colegios, como por ejemplo el IES Bengoetxe de Galdakao. Véanlo si no: esta es su portada, y esta su lista de recomendados de verano (en castellano y euskera y ordenada por edades). Es todo un ejemplo, simbólico incluso, de lo mucho que pueden hacer y hacen en efecto muchos maestros, como bien me corregía hace poco Ana. Añado que me alegra ver que se incluyen en la lista recomendaciones para adultos: leer no debería ser cosa de niños, sino de todos, y en la pasión familiar compartida es donde más arraiga, donde más se contagia.
* * *
Dejo para el final de esta nota quizá demasiado larga dos buenas noticias personales. Una, que el viernes volví a pasar horas estupendas con un colegio (esta vez el Andrés Baquero) a propósito de La vieja Iguazú. A la velocidad con la que desaparecen los libros, y considerando el peso relativamente menor de la poesía, me admira que, pasito a paso, siga despertando interés. No suelo hacerme eco aquí, porque no es el objetivo del blog, pero de vez en cuando no logro resistirme. Y si el programa regional de «Escritores en el aula» va adelante, es incluso posible que el año que viene la viejilla necesite zapatos nuevos, ¡quién se lo iba a decir!
La segunda, que en las subvenciones estatales para bibliotecas de 2008 (pdf) ha entrado la compra de una barbaridad de ejemplares de Ojobrusco, y lo que es mejor, al lado de autores y narradores con mucha más experiencia que yo, como Pep Bruno (Pétala, con Luciano Lozano), Pablo Albo (Un gato en el árbol, con Geraldine Alibeu) o Roberto Aliaga (La tortuga que quería dormir, con Alessandra Cimatoribus). Me pondré de puntillas para la foto.
Por cierto que a Pep lo vi hace nada entusiasmando a los niños (y guiñando el ojo a las madres y unos pocos padres) en la misma feria del libro de Murcia. También estuvieron Pablo, su no hermano Félix y Pepe Maestro, entre otros, pero mi trabajo, ay, no me quiso dar las horas.
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La literatura es un juego de palabras y experiencias en el que el lector actúa como crisol necesario para la formación del significado. Al igual que en otros campos artísticos, una cosa es lo que vemos y otra (más o menos similar, quizá muy distinta), la que el autor quiso expresar. Todo ello, con muchos matices adicionales, porque quizá el autor no sabía a ciencia cierta qué quería expresar (y además, la literatura no expresa un “sentido” aislable de sus palabras exactas), y porque el lector, o la lectora, cambian con el paso del tiempo, de la experiencia y aun del humor cotidiano.
Me ha gustado cómo lo explicaba Seth Lerer en su Children’s Literature. A reader’s history from Aesop to Harry Potter, recordando aquel episodio inicial de El Principito en que el niño muestra a los adultos su dibujo del sombrero / de la boa que engulle a un elefante:
Este episodio representa dos formas de leer literatura. Por un lado, podemos buscar qué nos parece a nosotros, como lectores; por el otro, podemos buscar lo que el autor quería que fuera. El que carezca de imaginación siempre verá, en lo extraño, lo corriente; verá un sombrero donde en realidad quizá había una serpiente que digiere un elefante. El crítico literario se enfrenta a un desafío que, en parte, consiste en equilibrar la intención autorial con la respuesta del lector. Pero otra parte del desafío, para el crítico de literatura infantil, consiste en reconocer que los textos son mudables: que los significados cambian, que grupos distintos de lectores pueden ver cosas distintas, y que aquello que a los adultos se nos antoja un hecho de la experiencia corriente puede adquirir, en la imaginación infantil, una monstruosa brillantez.
Algunos lectores opinan que la literatura infantil es un sombrerero, en el que hallaremos colgados libros útiles y didácticos que nos protegerán del frío o del mal tiempo. Yo considero que la literatura infantil es un mundo de serpientes: seres seductores que viven entre la maleza y pueden engullirnos por entero. Al igual que el Principito, me he topado con libros que me han devorado. Y este libro está repleto de animales, tanto si son las criaturas que llenaban la vieja colección zoológica de Esopo como las islas y los continentes de la imaginación colonial. Pero mi libro también está lleno de sombreros, desde la grosera gorra de piel de cabra que cubre la cabeza de Crusoe hasta la chistera de franjas blancas y rojas que cubre (solo a duras penas) las transgresiones del famoso Gato del Dr. Seuss. Todos los elementos son objetos de la interpretación. Todos se convierten, en cierta medida, en una prueba capaz de determinar qué clase de lectores podemos ser.
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Sandra Comino, escritora y estudiosa, habla de lo que a su juicio son prescripciones editoriales, censura y falta de calidad en demasiadas obras de la LIJ actual:
«—¿En este comienzo de siglo, qué tendencias observas en la escritura para niños y jóvenes?
—Es difícil hacer un panorama así de manera ligera. Pero vengo pensando sobre este tema y de hecho es parte de mi trabajo. Creo que hay tres grandes cuestiones que son: una: tiene que ver con el mercado. Se está publicando demasiado y hay una generación de escritores que escriben lo que pide ese mercado, lo que se puede vender. Hay escritores que aceptan escribir por prescripción y los editores los eligen porque se dejan corregir, recortar, porque hay una concepción desde la edición de trabajar con la escuela y porque como consecuencia estos escritores son maleables, no tienen un concepto de lo que es literatura infantil y juvenil y subestiman a los chicos. En este punto mi temor es que todo lo que se logró hasta ahora se desmorone. Dos: hay una especie de virus que les da a las personas que nunca escribieron o que escriben para adultos, que tienen un nieto o un hijo y le escriben un cuento que además le publican. Esto me parece una falta de respeto a los receptores también. No quiere decir que no haya escritores que escriban bien motivados por un niño cercano; ya que hay muchos que sí lo pueden hacer, pero no les sale a todos. Tres: hay una LIJ que resiste y con grandes esfuerzos, de verdad que hacen las cosas bien, que tienen oficio, no aceptan censuras y trabajan el lenguaje.»
Podéis leer la entrevista completa en este enlace de Letralia 183. Coincide con que, hace poco, una de las escritoras que más admiro me hablaba de un problema de censura con una propuesta de libro juvenil.
La censura es un principio absurdo, desde luego, pero existe y supongo que responde a la presión social de algunos medios de comunicación y asociaciones no exactamente liberales. A mi modo de ver, lo absurdo, en concreto, es que hoy menos que nunca, no se le pueden poner puertas al campo; pero, si impedimos que llegue a los jóvenes literatura razonable sobre sus deseos (incluidos sus deseos sexuales, claro está, como parte inseparable de cualquier persona; e incluida aquella literatura cuya ideología no cuadra con la nuestra), lo que llegará para cubrir el hueco son otras explicaciones y experiencias bastante más cutres y capaces de sembrar la confusión, como las de la pornografía, que circulan bajo mano, por sistemas no censurables. Es la triste paradoja de la presión censora, a mi modo de ver: que por miedo de lo cuestionable, tiende a limitarnos a lo peor.
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Actualización: el premio ha recaído en Àngel Burgas.
La editorial La Galera organiza este verano una propuesta de lectura a través de las librerías del Club Kirico: los jóvenes (de entre 12 y 15 años) que deseen ser jurado de un premio literario deben comprometerse a leer tres libros y podrán seleccionar el que les parezca mejor de acuerdo con unas orientaciones y unas preguntas. En septiembre se conocerá al ganador y luego se publicará una edición especial con el reconocimiento a todos los participantes y un libro dedicado para cada uno de ellos.
(Ya sé que «deben» y «comprometerse» son palabras poco populares, pero hay compromisos que valen la pena y pocas cosas que valgan la pena se consiguen sin comprometerse. Yo me voy corriendo a retocar la foto del DNI, a ver si cuelo.
)
Más información, en esta noticia del Club Kirico y todos los detalles, en este pdf.
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Babelia trae este sábado una serie de artículos sobre literatura infantil y, especialmente, juvenil, con notas de Carmen Mañana, Elisa Silió y Victoria Fernández.
El primer artículo recoge la importancia de la fantasía en la producción actual y el segundo, declaraciones de varios editores y autores superventas sobre la situación de la lectura entre los jóvenes. El tercero se hace eco del notable trabajo de Gadir y Libros del Zorro Rojo y los tres últimos se ocupan de libros divulgativos o de ensayo.
A mi entender, el conjunto adolece en su primera parte de los defectos habituales: no se puede hablar de infantil y juvenil sin supeditarlo todo a Potter o a las ventas y, en general, importa más el nombre (da igual Rowling o Faulkner) que la calidad en sí: parece que aún hace falta lo externo, el gancho, la referencia que disculpe al articulista de ocuparse de algo tan menor como es la LIJ. El problema es que, cuando te has dado cuenta, la excusa se ha comido la mayor parte del espacio.
Aun así, considero una buena noticia que aparezcan seis artículos en un diario muy leído, que no destaca por prestar atención constante a la LIJ.
No tengo claro si la LIJ es un género propio, literatura de género antes que literatura; pero creo que para la mayoría de los medios de comunicación sí lo es, pues suelen darle solo trato de especiales, algo parecido a lo que ocurre con la novela negra o el cómic. Algún día, espero, será normal hablar de un buen libro para niños, de ficción o divulgativo, en el marco cotidiano de cualquier suplemento cultural.
Nota adicional: Para conocer el estado real de la lectura entre los adolescentes, yo empezaría por dejar de lado el tópico de que sus profesores son una masa desesperada, desanimada y sin recursos. (Sin que la situación sea idílica: dejémonos de extremos.) Ana Lorenzo me pone en la pista de una nota de Profesor en la Secundaria, que dibuja un panorama muy distinto. Para empezar, a Joselu no le gustan determinadas «fórmulas de la llamada “literatura juvenil”», que considera carentes de sustancia, y propone a los chavales de quince o dieciséis años leer a Vian, Melville, García Márquez, King, V. C. Andrews o John Boyne, entre otros muchos.
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Elisa habla de varias cuestiones de literatura y lectura juvenil en este post: un decálogo de la AELE, dos novedades editoriales (Los secretos del inmortal Nicolás Flamel y Muerte de tinta) y el tercer número de la revista digital El templo de las mil puertas.
Al hilo del decálogo, Elisa constata esto: «También me ha gustado que tengan secciones para adolescentes, ya que la mayoría de las páginas de literatura infantil y juvenil dedican más atención a lo infantil que a lo juvenil». Yo no puedo alegar nada en mi defensa: he llegado a quitar la mención de «juvenil» del título del blog porque, en la práctica, hablaba más de infantil y de ilustración, y no estoy seguro de que los títulos deban reflejar aspiraciones (al menos, cuando falta aún mucho por recorrer). Otros espacios sí dedican mucha atención a la juvenil: el blog de Jorge Gómez o Libros juveniles, por ejemplo.
No por eso quito la aspiración. Pero la literatura juvenil es tan compleja como la adolescencia y yo me encuentro, personalmente, con varias paradojas que hacen que por ahora tenga la sección a medio gas. Algunas se leen en una próxima nota, dedicada a José María Latorre. Otras tienen que ver con lo poco que me gustan determinados superventas de juvenil (no importa cuáles). Y otras, por último, y quizá las más esenciales: que no he resuelto cómo escribir para esa edad tan hermosa en unas cosas, tan dura en otras.
Tal vez sea esta una nota demasiado personal; pero creo que el crítico (ya sea profesional, aficionado, lector de su casa o su familia, da igual: el que habla sin renunciar a su capacidad crítica) debe reconocer sus limitaciones con más frecuencia de lo que suele hacerse. Abundaré sobre eso en la nota de Latorre.
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Cachalote es un nuevo método de educación infantil (3-5 años), de la maestra y escritora Sagrario Pinto y la pedagoga Elena Villarroya. Entre los materiales del método destaca una serie de 27 libros (9 por etapa, escritos por Sagrario) que se usan como base para el aprendizaje de los contenidos. Son cuentos con la estructura clásica de planteamiento, nudo y desenlace, para que los niños se familiaricen «con la auténtica literatura», no con simples sucesiones de frases.
Se da especial importancia a la inteligencia emocional, con el objetivo de que los pequeños «se conozcan a ellos mismos, aprendan a reconocer sus miedos y a relacionarse con los demás»; que reflexionen, en suma, sobre sus propias emociones. Esta semana próxima, las autoras lo presentan en Guadalajara y Talavera de la Reina. Podéis ampliar bastante la información en esta noticia.
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Xavi Ayén comenta en La Vanguardia un fenómeno previsto hacía tiempo, que no hace sino crecer, pero solo ahora se ha confirmado de modo matemático: los hipermercados (Carrefour, Alcampo, Eroski…) son ya el segundo gran vendedor de libros de España, por detrás de la librería tradicional, pero ahora por delante de las cadenas (Fnac, Casa del Libro) o los grandes almacenes (El Corte Inglés).
¿Qué atención se presta en los distintos puntos de venta a los libros de editoriales interesantes, pero pequeñas? Es una pregunta importante, porque de su respuesta depende que en el futuro tengamos una oferta más amplia o más reducida. Y la segunda posibilidad es muy negra: una reducción en la oferta de libros diversos es una pérdida inmediata de libertad, que en lo social nos hace más manipulables y cierra con cadenas de producto (serie de televisión + libro + gadgets varios) el paso a las propuestas que no cuentan con apoyo mediático.
Por suerte, en los últimos años también han crecido las librerías especializadas; y es que no es lo mismo una librería-papelería, que una librería grande (y cuidada), o una librería especializada (del tamaño que sea). En la columna derecha hay enlaces a librerías especializadas en LIJ o que me han ido recomendando por la especial atención que le prestan.
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Hay una parte del Taller de Cuentos que me gusta casi más que contar: ver leer. Dedicamos varios minutos, antes de empezar y al acabar, a que los niños cojan los libros, los ojeen y hojeen, se hagan sus conjeturas (los que aún no descifran la palabra escrita), descifren, recuerden lo que hemos explicado, observen detalles que les han picado la curiosidad, repitan, inventen… Tengo la convicción de que esos ratos son inseparables de los de teatro, acción y palabra oral; porque permiten que, de verdad, la lectura se vaya asentando como algo propio, ni impuesto ni, en general, traído desde fuera.
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Las fotos las tomamos en el CP León Felipe, de Socovos (Albacete).
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Cuando un autor es invitado a un aula, en cierta medida, asiste a una comida de familia en la que se percibe bastante bien el estado de salud de las relaciones personales del grupo, con su dosis de obligatoriedad (en el sentido simple de que no escogemos a la familia, tampoco a los compañeros del aula ni a los maestros). Supongo que en la jerga psicológica, que no conozco, existirá algo parecido a la «terapia de la visita del extraño».
En unas pocas ocasiones, muy contadas, he encontrado casos lamentables, en los que el maestro odia su trabajo y transmite la deserción a sus alumnos. Pero en la mayoría de las ocasiones, el sistema funciona y el grupo vive la sesión como una fiesta compartida. Y de vez en cuando, uno encuentra auténticas perlas que le dan sentido pleno a cinco horas de coche y contar hasta el límite de la voz, o a estar contando a la hora de la siesta cuando te has levantado a las cinco y el menú ha caído como una losa de sal en el estómago, o a explicar por milésima vez (y casi siempre en vano) que un autónomo se queda con menos de la mitad del dinero que factura, entre otras penas de un trabajo que reconforta, pero como todos, también cansa y vive días de tirar la toalla.
Hace poco me encontré en uno de esos días mágicos. En la biblioteca de Caudete —estupenda por lo clara, completísima y casi hiperactiva que es—, se presentó un guardia bigotudo y repelente exigiendo permisos a tutiplén, a la abeja que pasaba por el país de Colmena, pero también a mí, a los alumnos y, claro está, a los maestros. Los chavales piden el permiso de enseñar, el de mandar deberes, el de mandar cuatro hojas de deberes, el de imponer normas en el aula… El permiso de hacer de vientre, como dijo uno en la versión más fina que he oído hasta ahora de una respuesta que nunca falta… El de caminar a la pata coja o el de querer viajar a la Luna, cuando desatan la fantasía… O hasta el permiso de estar vivo, como exigieron una vez, en un arranque de totalitarismo que habría dado envidia a Stalin. La verdad es que de carné en carné, con este Carnaval en miniatura a todos nos dio la risa (con su dosis de estupor), varias veces.
La magia pura vino cuando una maestra aprovechó su ocasión de pedir permisos a los alumnos para reconvenir con cariño a los más despistados, dando así pie a hablar en grupo, con franqueza pero con calma, sobre los excesos que pueden despertar tensiones colectivas; y acto seguido —con tono ligero, pero mirando a los ojos a sus chavales— cerró pidiéndose para sí «el permiso de querer a mis alumnos». En una sociedad que verbaliza con énfasis la autoridad y la violencia, pero no el cariño, sinceramente, este invitado afortunado sintió que se le esponjaba el corazón.
El títere lo encontramos en el puesto de una titiritera en un mercadillo (el Zacatín de Bullas) y nos pareció una Vieja Iguazú estupenda, luto y amor a partes iguales.
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Aunque no me ha convencido —para empezar, el artículo cae en la típica descalificación global y leñera de la escuela española, frente a otras más bien idealizadas—, me alegra ver que la prensa general dedica espacio a la dislexia, un trastorno que afecta directamente a la capacidad de lectura y expresión escrita y que, cuando no se detecta, causa más problemas de lo que en realidad debería: ¿Tal vez tu hijo es disléxico y nadie lo sabe?, de Maruxa Ruiz del Árbol, en El País.
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SM recoge en su web diversas ediciones de su Anuario sobre el libro infantil y juvenil:
Incluyen (entre otros apartados) cifras y estadísticas, estudios de tendencias, notas sobre el eco de la LIJ en la prensa general, y varios monográficos con especial atención a la literatura hispanoamericana.
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Que yo sepa, Ojobrusco y Ollobrusco pueden leerse gratuitamente en estas bibliotecas públicas de España y algún otro país. Por mi parte, ¡muchas gracias!
Nota: existe una lista paralela para La vieja Iguazú. Últimas actualizaciones: 2009: Alovera, Barcelona, Burgos, Barañáin, Erandio, Eskoriatza, Gijón (BP Jovellanos), Granada (Zaidín), Málaga (José Moreno), Orihuela (BPE), Oviedo, Sevilla, Usurbil, Tetuán, Zamora, Zaragoza.
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En la práctica lectora, las etiquetas, las categorías y los grupos de edades se pueden diluir sobremanera. Conocía, por ejemplo, las tertulias de literatura infantil de dos librerías: Diagonal, de Segovia, y Al·lots-El petit príncep, de Barcelona. Hace unos días, el azar de la red me ha llevado a recalar en el Club de lectura Pomelo, de Albacete, cuyo blog podéis leer aquí y cuyos participantes se definen de esta forma concisa y exacta: «Adultos que disfrutamos leyendo literatura infantil».
Pues eso es lo que nos pasa a muchos, aunque Don Severo y Doña Adusta nos miren a veces con el ceño fruncido: y es que hay libros y propuestas artísticas que son, sencillamente, todo un placer: el placer de la sorpresa, el de la sonrisa, el de la reflexión posterior, el de seguir viviendo a plena curiosidad, en un mundo abierto y por hacer.
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Biblioactiva, de Clara G. Sáenz de Tejada, es un sitio complejo, que mezcla la perspectiva personal y la profesional en una mirada conjunta hacia el mundo de la biblioteca, las bibliotecas escolares, las lecturas para niños y adolescentes, la lectura en general y la narración oral. Si no lo conocéis, os animo a visitarlo.
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Pere Calders (Barcelona, 1912-1992, aunque vivió muchos años exiliado en México) es un maestro del relato breve, que maneja a la perfección la ironía. En sus cuentos investiga las fronteras entre lo real y lo que suponemos real, la verdad oculta, la verdad transparente que quizá no es tal, la magia cotidiana. Además, es un escritor de estilo cuidadoso y preciso, que matiza muy bien para crear juegos de distanciamiento. Pese a su valía, por la razón que sea, en castellano apenas ha encontrado el eco que por su calidad merece. Como lector, os invito a aprovechar que Anagrama ha reeditado en su colección de bolsillo Ruleta rusa y otros cuentos.
Yo entiendo que la literatura juvenil debe dar cabida a los buenos autores que escriben con los jóvenes en mente, pero no menos, en ningún caso, a los buenos autores en general que escriben con pericia formal, buen estilo y capacidad de sorpresa. El paso de la adolescencia a la edad adulta debe hacer sin más andaderas que las necesarias, aunque para evitar naufragios convenga ajustar la dificultad de los textos. Calders es una buena opción, con la ventaja que le da el hecho de dominar, sobre todo, una forma breve como la del cuento. Por eso es un clásico de las aulas catalanas, pero no debería quedar confinado a ellas.
Como ya he escrito sobre Calders en otros sitios, creo que no vale la pena repetir aquí la introducción y la selección de cuentos hiperbreves que hay en el sitio web de nuestro club de lectura local. Dejo aquí, en cambio, unos pasajes de un cuento que tal vez habría gustado a Gila: “Hecho de armas” (en traducción de Joaquín Jordá).
… Me senté al margen de un camino … y hete aquí que, de repente, un paracaidista vestido de una manera extraña tomó tierra a mi lado. Debajo de la capa que llevaba, se veía una ametralladora y una bicicleta plegable, bien disimuladas, claro.
Se me acercó y con un acento extranjero muy pronunciado me preguntó:
—¿Podría decirme si voy bien para ir al Ayuntamiento de este pueblecito?
(Ahí cerca, la semana anterior, había un pueblo.)
—No sea asno —le dije—. Se nota en seguida que es un enemigo, y si va allí le cogerán.
Eso le desconcertó y, después de hacer un ruido con los dedos que denotaba su rabia, replicó:
—Ya me parecía que no lo habían previsto todo. ¿Qué me falta? ¿Cuál es el detalle que me delata?
—El uniforme que lleva ha caducado. Hace más de dos años que nuestro general lo suprimió, dando a entender que los tiempos habían cambiado. Ustedes están mal informados.
—Lo hemos sacado de un diccionario —me dijo con tristeza.
…
Pensando, encontré una solución:
—¡Ya está! Nos lo podríamos jugar al tres en raya. Si gana usted puede utilizar mi uniforme correcto y hacerme prisionero; si gano yo, el prisionero será usted y el material de guerra que lleva pasará a nuestras manos. ¿De acuerdo?
Se avino, jugamos y gané yo. Aquella misma tarde, entraba en el campamento, llevando mi botín, y cuando el general, lleno de satisfacción por mi trabajo, me preguntó qué recompensa quería, le dije que, si no le importaba, me quedaría con la bicicleta.
Traducciones al castellano, según la base de datos del ISBN español:
- Antología de cuentos de Pere Calders, Polígrafa, Barcelona, 1969
- Cepillo (para niños), Hymsa, Barcelona, 1981
- Aquí descansa Nevares, Grijalbo, Barcelona, 1985
- Ronda naval bajo la niebla, Anagrama, Barcelona, 1985
- De lo tuyo a lo mío, Laia, Barcelona, 1986
- El principio de la sabiduría, Llibres del Mall, Barcelona, 1987
- Todo se aprovecha, Ediciones B, Barcelona, 1987
- El primer arlequín. Crónicas de la verdad oculta. Gente del alto valle, Alianza, Madrid, 1988
- Los niños voladores, Argos Vergara, 1984; Toray, 1991
- Ruleta rusa y otros cuentos, Anagrama, Barcelona, 1984, 2007
La imagen procede del portal Lletra.
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Dos de los poquísimos críticos que se ocupan de la literatura infantil han publicado en fechas recientes un panorama que no invita exactamente al optimismo. Con distinta extensión y muy distinto estilo, vale la pena leerlos a los dos.
«… Las dos situaciones antes apuntadas no son más que síntomas del avance y consolidación de la paraliteratura destinada al público infantil y juvenil: de esas obras de apariencia literaria que responden exclusivamente a necesidades comerciales y se ajustan a una fórmula exitosa. … son escasos los [autores] que tienen algo propio que contar. A esto se debe la preponderancia de temáticas sociales extraídas de los noticieros y del periódico, la proliferación de polizones en la conmemoración del quinto centenario de la muerte de Colón, el cansino compromiso y óptica rousseauniana con que variopintas minorías y discriminados oprimen las colecciones juveniles de los principales grupos editoriales, el resurgimiento del libro rosa o la plantilla fantástica caza recompensas. …»
Gustavo Puerta, “El emperador está desnudo” [http://www.elcultural.es/HTML/20071220/LETRAS/LETRAS21998.asp; enlace roto]
«… Si esto muchas veces no es así [y ahora no hay una orientación para el lector infantil] se debe a que la literatura es cada vez más un mercado, y la LIJ especialmente. Entre otras manifestaciones, esto se refleja en que las editoriales cortejan a los colegios pues si consiguen que den prioridad a sus libros, las ventas crecen no de uno en uno sino de cien en cien. Algunos colegios y profesores se dejan querer pues, piensan, así consiguen libros para ellos a más bajo precio y tienen solucionadas algunas actividades con sus alumnos. Esto, tan útil, puede ser corruptor, y lo es, en no pocos casos, cuando la consecuencia es recomendar libros de baja calidad y no se intenta seriamente darle al niño siempre lo mejor, venga de donde venga. …»
Luis Daniel González, “Antes y ahora de la literatura infantil”
Esa presión de la escuela es quizá la principal deformación del mercado; lo que le ha dado buena salud económica y en cierta medida ha originado un boom de la LIJ, pero a la vez, ha derivado en una primacía de las buenas intenciones muy por encima de la buena literatura. Para saber a dónde vamos, quizá se puede echar un vistazo a un club de una editorial estadounidense. Los maestros compran los libros con descuento y, cuantos más libros del club compren sus alumnos, las aulas reciben más regalos. El maestro “invita” a los padres a participar con cartas preparadas por la propia editorial y los padres pueden invitar al maestro con el otro texto “amablemente” redactado por la editorial. Y si te niegas a comprar… ¡sabe que tus niños se verán privados de materiales gratuitos! Todo vale, hasta el chantaje.
La relación de las editoriales y la escuela no es nueva, claro. Los comerciales hacían y hacen lo que pueden para vender sus libros de texto y de lectura a comisión, y si pudieran, regalarían viajes como hacen algunas farmacéuticas con los médicos. Lo que a mí me ha llamado la atención es la desfachatez del sistema, expuesto con franqueza e incluso preparado en pastillitas para el consumo instantáneo (¿no tiene su miga, ese “Sincerely” con el que se firma una carta escrita por un departamento de márketing?).
Ante la intensificación, queda confiar en que llegue a cuantos más niños mejor, en cuantos más países mejor, una educación pública universal bien financiada, con bibliotecas escolares seleccionadas por profesionales independientes. También como autor: me encanta ir a las aulas, pero confío en que nunca me llamen porque sumo puntos…
Sobre bibliotecas escolares, hay mucha actividad en la red. Si tuviera que escoger algunos primeros pasos posibles, os diría de visitar los blogs Gurrión o Lectura y biblioteca (este, sin actualizar desde hace unos meses, pero con el fondo consultable).
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Al hilo de esta presentación, he subido al Taller de cuentos
dos reflexiones de Gustavo Puerta sobre los libros ilustrados, que podéis leer completas en El Cultural
. (El Cultural es una excepción dentro del páramo que es la crítica de literatura infantil y juvenil en la prensa española de tirada nacional. “Babelia” hizo su excepción particular la semana pasada
, como suele hacer cuando se acercan Navidad o verano.)
Y ya que hablamos de talleres, aunque ahora no para niños: el año que viene haremos en Socovos una experiencia piloto de Taller de lectura en voz alta
. Es una idea que acariciamos con ilusión desde hace un tiempo, especialmente por sus posibilidades de siembra: uno anima a leer a otro que anima a leer a otro que lleva la lectura a otros que…
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Las editoriales se están acercando poco a poco a los blogs, que permiten, en algunos aspectos, una comunicación más dinámica y, sobre todo, más abierta a los lectores.
Tengo noticia de estos (en orden alfabético inverso, por variar un poco):
Blogs de colecciones y series:
Podéis indicar la existencia o la apertura de otros en los comentarios, y yo los iré sumando a la lista.
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No es fácil encontrar librerías con especial interés en la literatura africana. Por eso me apetece hacerme eco de dos de ellas. Aunque sean escasas, tampoco serán las únicas; si queréis, podéis indicar otras en los comentarios.
Una es la Llibreria La Ploma, de Barcelona, situada cerca de la Sagrada Familia. Tiene web
y blog
propios. No tengo mucha ocasión de visitarla, pero siempre me han acogido muy bien. Allí encontré, por ejemplo, la esmerada edición y traducción de La niña que creó las estrellas. Relatos orales de los bosquimanos |xam
, del filólogo José Manuel de Prada, pero también cuentos infantiles que no había visto en ninguna otra parte.

La segunda es Litterae Mundi
, de Bilbao, que se define más ampliamente como librería intercultural, con atención especial a África, Asia, América y también la Europa oriental. No he tenido oportunidad de visitarla en persona; su catálogo recoge mucho material de literatura infantil, a mi entender con muy buen criterio.

Nota del 13 de diciembre: Con Valor, que recientemente se ha trasladado a Opinión con valor
, recoge un dato que yo desconocía: que Litterae Mundi se integra en un proyecto de recuperación urbana premiado por la UE, según se puede leer en El Correo Digital
. Más motivos para una visita, si cabe…
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Etiquetado: José Manuel de Prada, La niña que creó las estrellas, librerías, literatura africana, Litterae Mundi, llibreria La Ploma
No he leído el informe PISA, que al parecer pone en entredicho los resultados del sistema educativo español en lo que respecta a la comprensión lectora, pero he estado escuchando y leyendo algunas valoraciones. Quizá lo que más me ha llamado la atención es este razonamiento de la propia ministra de Educación: Si convertimos las cifras de PISA a la tabla de evaluación más común, España está en el 4,8 (que no quiere decir suspenso, en este caso), mientras que la media de los países equiparables está en el 5. Es decir, solo nos separan centésimas.
Claro, y solo milésimas. Y solo millonésimas, también. Podemos usar la unidad de medida que mejor minimice los problemas para la foto del día o la más justa, que en este caso no es otra que las décimas. No soy partidario de las estridencias, pero creo que sin mirar las dificultades de cara, mal las vamos a resolver…
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Será verdad que la literatura infantil y juvenil es cada día un poco más visible, porque el otro día, en las páginas de opinión de un diario comarcal, encontré una reseña de Cordeluna, la novela de Elia Barceló que obtuvo el premio Edebé de 2006. Allí se reclamaba la necesidad de olvidarse de etiquetas, como la de «literatura juvenil», y hablar a secas de literatura. Lo que vale, vale; y lo que no, a la basura, en suma (entiendo yo). Poco más hay que decir y, por mi parte, estoy de acuerdo en lo esencial.
También es cierto que Elia Barceló puede ser un caso un poco especial: profesora en una Universidad de Filología austriaca
, en Innsbruck, y doctorada en Julio Cortázar, reivindica sobre todo el placer de la lectura. Extracto unas palabras de la nota que le dedicó la revista CLIJ
. en su número de abril de 2007.
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He recibido esta nota como suscriptor del boletín de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez
y me parece oportuno reproducirla, porque las bibliotecas son espacios clave de la sociedad moderna: por su difusión de libros de calidad más allá de su periodo como novedades; por su apertura a muchas variedades artísticas, como el cine y la música; por su carácter gratuito y, por tanto de igualdad; por su atención a las necesidades, gustos y voluntad de los lectores; por el fomento de la lectura en general y, en especial, en las salas de infantil; y, en muchas zonas rurales, por ser el punto central del acceso a la sociedad de la información. Mucha negrita en tan poco espacio, ¡y luego hay que ver lo que pueden escatimarles algunos presupuestos! Así que muchas felicidades a todos los que han participado en la convocatoria, también a los no premiados.
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Muchas veces nos preguntamos si los niños leen mucho o poco, bien o mal, y quizá tendemos a caer en los extremos: o el pesimismo de «solo les interesa la consola» o el optimismo de «leen muchísimo más de lo que pensamos». Una de las formas de escapar a esos círculos viciosos en los que hay más opinión que fundamento es comprobar los datos disponibles, por ejemplo, a través de las bibliotecas. ¿Qué se presta más? A fin de cuentas, exceptuando los libros de Umberto Eco, lo más prestado es lo más leído…

Algunas bibliotecas hacen públicos sus datos. Del opac de Navarra
, por ejemplo, copio abajo los datos que publicó para el primer trimestre de 2007. (Si no veis la lista, pinchad aquí para ampliar la vista del artículo.) Aunque sin generalizar de más, se pueden sacar conclusiones sobre los gustos de los jóvenes y, en el caso de los más pequeños, de sus tutores: fantasía y realidad, humor, autores españoles o extranjeros…
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- Actualización de 2008-2009: Mazcuerras, Bibliobús Albacete, Herencia, Valderrubio, Arnedo, Azuqueca de Henares, Guadalajara (BPE), Lerín, Puerto Lumbreras, Totana, Rivadedeva (Colombres), Madrid (La Casa Encendida), Chauchina y Nerja, Torre Pacheco, Lucena, Corvera (Asturias), Posadas, Valdeolea, O Grove, Cariño, Bueu, As Neves, Amorebieta-Etxano.

La vieja Iguazú puede leerse en bastantes bibliotecas públicas de España y en unas pocas de otros lugares del mundo. (Aparte, la mayoría de bibliotecas aceptan solicitudes, mediante los formularios de desiderata.) Esta es la lista, según mi consulta de las bases de datos colectivas. (Para introducir nuevos datos o corregir errores, podéis dejar un comentario o enviarme un correo. Si no la veis, pinchad justo abajo, en seguir leyendo). Existe una lista paralela para Ojobrusco. Por mi parte, ¡muchas gracias!
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