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Y la oportunidad de escapar llegó. Mejor dicho: muchas oportunidades. Porque el señor y la señora Lupini, como buenos artistas, amaban la libertad propia y ajena. Y además eran bohemios y despreocupados. Así que dejaban la jaula mal cerrada o directamente abierta, y Caburé podía salir, revolotear a su antojo… y, por lo tanto, escaparse. Pero no se escapó, porque, a pesar suyo, ya estaba domesticado y apreciaba el buen trato que le daban y la gran consideración de que gozaba.
Desde el primer día de su nueva vida se convirtió en el principal artista del circo, y como tal era tratado. Apenas llegaban a un pueblo, y mientras todos se atareaban preparando carpa y función, a él le estaba permitido dar unas vueltas por ahí, con la condición de regresar a la hora prevista para su actuación.
Jamás se retrasó.
(Una pluma con historia, Edelvives, 1990, pp. 34-35. Ilustración de Ayax Barnes, que muestra a Caburé y el marinero. Colección Ala Delta, a partir de 8 años.)
Una pluma con historia narra con desparpajo y simpatía un relato amable, en el que un pájaro muy especial —el Alicuco, Caburé o Rey, que es capaz de hipnotizar y del que se cuenta que posee una pluma que da la felicidad— pasa de manos de una maga a las de una pareja de artistas, un marinero y, al fin, la libertad, pero una libertad amistosa con el pueblo en el que al final se reúnen, después de mucho trotar mundo, la pareja Lupini, el marinero finlandés Viljo y su novia Clara. Hay lugar para una sátira ligera, pero sobre todo para el humor tranquilo y la idea de que los vida nos lleva y nos trae, pero también da oportunidades para elegir.
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