Educar a los niños es, en buena medida, enseñarlos a pensar por sí mismos. Esa es, al menos, la teoría, y así dicha luce bastante. Pero ¿cómo manejamos la discrepancia? ¿Hasta dónde nos importa realmente el «hazme caso»? ¿Cuándo caduca el «yo sé lo que te conviene»? ¿Quién decide lo que está bien? Personalmente, no creo en los extremos —ni «los niños lo que necesitan es más autoridad» (léase tantos bofetones como me dieron a mí) ni «deben crecer libres como el aire»—, sino más bien en una educación para la libertad que vaya dando cuerda poco a poco, preparando los pasos pero sin darlos por nadie. Supongo (o quiero pensar al menos) que ese sistema ni ahoga ni exige que sepan nadar antes de hora, pero vaya, no hay camino fiable al cien por cien.
¿Qué pinta la literatura en todo esto? No puede solventar nada, pero sí plantear temas para el conocimiento, la reflexión y el diálogo. La máscara del león, de Margarita del Mazo y Paloma Valdivia, narra el estallido de una crisis entre león padre e hijo: el que reina en la selva como devorador y el que prefiere la paz con sus amigos (incluida una cebra) y maneja mucho mejor la risa que el rugido. El padre comprará una máscara con la que su hijo adquirirá el aspecto terrorífico que desea para él, pero aun así, e incluso después de experimentar el poder que nace del miedo, el hijo escapará al modelo que se le quiere imponer y encontrará la felicidad en renunciar a la violencia y en la duda, obedecer antes a su corazón que a su padre.
Las ilustraciones de Paloma Valdivia son expresionistas, de pocos colores, vivos y muy contrastados, con juegos de transparencias. Unas imágenes de su blog:
Queda como interrogante la sombra del cuento: ¿qué habría ocurrido de haberse dado la situación contraria? ¿Daríamos la libertad de hacer el mal?
- Margarita del Mazo y Paloma Valdivia, La máscara del león. OQO, Pontevedra, 2009. 44 pp., ISBN 978-84-9871-160-8.







1 respuesta hasta el momento ↓
Margarita del Mazo // 1 12 2009 a 8:25 pm |
Gonzalo, no he tenido oportunidad de agradecerte el que te hayas eco de mis dos libros.
Yo, como el león, tengo algunos problemas, uno de ellos es que me llevo fatal con este bicho inmundo (y necesario…lo sé) que es el ordenador y otro, el exceso de trabajo.
Sobre la pregunta que dejas en el aire, yo diría, como madre que soy de tres, que no daría la libertad de hacer el mal, pero por puro egoismo, sé que eso no nos hace felices y la felicidad, es lo único que quiero para mis hijos, aunque me equivoque al intentarlo, como se equivocó el padre de Leoncito.
Enhorabuena por todo lo que haces por la literatura. Gracias.