Bigotes de algodón
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El pan sale del horno
con las orejas tiesas
y olfatean el mundo
bigotes de algodón.
Nariz de Chocolate,
¡quisiera darte un beso de esquimal!
(Y quizá un mordisquito,
si no te sienta demasiado mal…)
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Categorías: Darabuc · Poemas de Darabuc
8 respuestas hasta el momento ↓
Vivian // 26 05 2009 a 5:07 pm |
Hola Darabuc!
He terminado de leer con una sonrisa. ¡Qué bonitos, tiernos, y simpáticos versos!
Creo que cada vez que mire una tostada me acordaré de ellos.
Un abrazo.
darabuc // 28 05 2009 a 7:40 pm |
Hola, Vivian:
Me da que pensar. La verdad es que los versos tiernos son los que más tiro a la papelera. Me parece puñeteramente difícil escribir versos tiernos sin que resulten blandengues o cursis. Sin duda es una parte esencial de la vida, y debería serlo por tanto de la literatura, pero no es nada fácil de afrontar.
Un abrazo
Elisa // 29 05 2009 a 7:29 pm |
No son cursis, tienen el toque de humor que los salva de la cursilería. En mi modesta opinión.
darabuc // 1 06 2009 a 10:09 am |
No creo que este sea cursi, no. En cambio la papelera, y más en verano, fermenta de puro azúcar.
Sàlvia // 14 06 2009 a 11:07 pm |
Ay, que fantàsticament humorístic és aquest poemeta. Me’l guardo per al blog, Gonzalo.
Besadetes
darabuc // 18 06 2009 a 7:13 am |
Gràcies, Sàlvia. En pots disposar tranquil·lament, no cal dir-ho.
carlos // 14 07 2009 a 7:21 am |
Es muy frecuente en personas que descalifican la niñez. En lo personal el juego sigue siendo un aspecto bueno de la vida. Vean a un niño pintando, no se preocupa si su pintura va a ser o no obra de arte, goza en verdad el momento. Que bueno que mantenemos ese rasgo inexplicable y preferimos no intelectualizarlo como persona “madura”.
darabuc // 17 07 2009 a 5:47 pm |
Hola, Carlos:
Pienso que quizá por ahí muere una parte del arte moderno: al necesitar tanta explicación previa (tanto peso de lo intelectual), el receptor llega cansado a la obra. Aunque hay algo de trampa en la ecuación, dado que el arte clásico nos llega explicado por varias vías de la cultura general y la educación.
Sea como sea, en la expresión artística de los niños hay una frescura que sin duda vale la pena preservar.