Me llama la atención que, recientemente, han aparecido en la prensa notas de dos homenajes públicos a bibliotecarios: a Francisco Azorín se le ha dedicado una plaza en Yecla y la antigua biblioteca municipal de Molina de Segura ha pasado a llamarse Mercedes Mendoza. Quedará mucho por hacer, pero al menos a mí, me alegra este reconocimiento.
Lo publico con ocasión del día del trabajo, porque el de bibliotecario está en mi lista personal de trabajos imprescindibles, capaces de sembrar, a nivel local, para la transformación positiva de las sociedades.
Dentro de unos días subiré una nota distinta, más personal, sobre mi relación con ese espacio mágico.



2 respuestas hasta el momento ↓
Luz del Olmo // 3 05 2008 a 10:46 pm |
Me alegra todo lo que sea reconocimiento a las bibliotecarias y bibliotecarios, creo que hacen una gran labor y en los pueblos pequeños y no tanto, son una pieza fundamental en la dinamización de la cultura.
Un abrazo Gonzalo.
darabuc // 6 05 2008 a 11:47 am |
Pequeños y no tanto, desde luego. Donde las librerías-papelerías bastante tienen, muchas veces, con sobrevivir, la biblioteca te puede traer una selección de miedo. Y luego actúa para congregar, organiza para mover, en suma: da muchísima vitalidad.
Un abrazo