
Cuando la ilustración de un álbum infantil se concibe a sí misma como arte, no como apéndice ni acompañamiento, una de sus posibilidades es dialogar con alguna de las obras o estéticas de la esfera artística. Para que no sea gratuito, el diálogo debe apoyarse en el argumento e integrarse bien en el conjunto; luego caben actitudes muy distintas: el guiño, el humor, el recuerdo, el homenaje o incluso la crítica.
A su vez, el lector puede responder a ese diálogo con su propia voz crítica: la referencia es manida, o no la termino de ver clara, o es un buen golpe de humor, enriquece porque abre otra dimensión de sentido… Cada caso y cada lector dirán, de un extremo a otro.
Pero si la conversación arte-artista se muestra en un álbum, además, eso permite a los mediadores seguir el camino abierto para llevar a los niños a pasear por los terrenos del arte en general. Es una puerta abierta, una invitación.
Así que yo me alegro de que Maurizio Quarello
haya decidido ilustrar con la imagen de arriba (un esbozo, por ahora) la contraportada de Ojobrusco, un cuento cuya peripecia termina con estas palabras (aunque no sean las últimas del álbum):
…porque ahora Ojobrusco solo come
repollos hervidos.



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